Carrera saturada: nuevo estresor

La inquietud de saber que se cursa una carrera con gran demanda, donde la contratación puede llevar más tiempo y los salarios ser más contraídos, se ha convertido en otra fuente de estresor para los estudiantes mexicanos, menciona Aleida Ballesteros.

 

De los 10 millones de profesionistas en el país, 50% de los egresados proceden sólo de nueve carreras. La presión por distinguirse no es igual para un contador –carrera que está entre las 10 con mayor matrícula (275,813)- que para un ingeniero con énfasis en petroquímica, que apenas alcanzará 1,000 egresados, según la Asociación Nacional de Instituciones de Educación Superior.

Un estudiante en psicología se enfrentará a otros 234,000 matriculados al año. El médico o la doctora a 200,043 alumnos, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad. Un periodista en la UNAM es parte de más del 40% de solicitudes de ingreso para la carrera.

 

“La gente se pregunta: voy a dedicar tanto tiempo a estudiar esto y, después, ¿qué?”, afirma Ballesteros. La presión aumenta, de acuerdo con la especialista, si el estudiante recibió apoyo económico, pues se cuestiona en cuánto tiempo y con qué salario cubrirá el compromiso financiero adquirido.

 

¿SI SOY PARTE DE LA LISTA?

 

Claudia Sotelo, directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), menciona que el estrés está asociado a la vida universitaria porque elegir una carrera representa, en sí mismo, vivir esa sensación de inquietud a no equivocarse, sobre todo si los estudios son impuestos por la familia. En las licenciaturas que – de entrada- son más saturadas está el extra de incertidumbre (que produce estrés) por saber cuánto se ganará, existiendo cierta percepción a que será menor el ingreso.

 

“Muchos estudiantes están aterrados por escoger una carrera saturada por el dinero. Saber cuán rentable serán inquieta desde la elección”, comenta.

 

Para la director, las universidades contribuyen, en cierta manera, a fomentar ese estrés, estimulando dinámicas de trabajo más extenuantes, que se realizan bajo la promesa de vincular mejor y más rápido al estudiante al mercado laboral. No es que sean negativas, pero se requiere un equilibrio, “y a veces esto es un tema de (lucir) más competitivo como escuela”, añade.

 

El estrés o sentimiento de tensión física y emocional se traduce en los universitarios, principalmente, en problemas gastrointestinales y de la piel, pero hay que tener cuidado entre un episodio de estrés y llegar a niveles de ansiedad severa, donde hay cuadros de obsesión o se manifiesta profundo miedo hacía algo. Alrededor del 23% de la población, en edad universitaria, está en esa situación, según cifras recabadas a partir de investigaciones por Aleida Ballesteros.