Cuatro mitos sobre felicidad profesional

Hace tres años se mencionó la palabra reforma educativa. Ese 2013 se propuso la evaluación de docentes, sanciones a maestros por faltar a su actividad y que las promociones estuvieran vinculadas a desempeño, entre otros puntos. Se entendía que era indispensable plantear cambios en el sistema educativo.

Lo que parece no quedar claro es que una reforma así no alcanza para la realidad profesional.

No cae mal tener más datos y cifras sobre docentes en el país. Pero puesto que más de 350,000 profesionistas anualmente están saliendo en busca de una oportunidad (y hablamos sólo de universitarios), valdría no ignorar otros temas relacionados con la formación de la persona, y donde entran las universidades.

Por ejemplo, ¿los jóvenes aprenden a reconocer su propósito profesional al salir de la escuela?, ¿saben qué quieren y por qué?

Hay colaboradores –de todas las edades- con poca capacidad para explicar en entrevistas laborales, al redactar sus objetivos de trabajo, en un ensayo para conseguir una beca, ¿por qué quieren cierta actividad?, ¿qué los apasiona?, ¿qué ven en futuro? Hoy sólo 27% de los empleados en el país dicen sentir pasión por la actividad realizada, según diversas encuestas.

Pasión, bienestar con lo que haces, parecen conceptos etéreos y poco aterrizados, pero cuando reparamos que las organizaciones pierden poco más de 40,000 pesos por una mala contratación; por llevarse a una persona que dijo saber y querer hacer y eso no se cumplió, y cuando vemos que las organizaciones con colaboradores insatisfechos aumentan hasta 300% su siniestro, entonces sí que cobra dimensión tener a gente más satisfecha con su actividad.

¿Cómo tener gente más feliz?

Si a Harvard le funcionó su cátedra de felicidad, que hoy recibe más de 1,000 solicitudes de estudiantes, ¿por qué en México no podría retomarse el tema?

Es complicado comparar ‘manzanas con peras’, no somos Estados Unidos, o el Reino Unido, donde el ministerio de educación aprobó que los jóvenes tengan, al menos una hora a la semana, una sesión sobre cómo trazar objetivos de vida y enfrentar el estrés, pero hay avances. TecMilenio, por ejemplo, la promueve un modelo de Felicidad y Bienestar donde se permite a los alumnos personalizar el programa de estudio, además de llevar materias relacionadas con psicología positiva y espacios (aulas, comedores) en los que se promueve este concepto. Y es que, para trabajar bienestar, hay que empezar por acciones como dar al estudiante libertad para elegir, que no imponer, materias a cursar, dice Héctor Escamilla Santa, rector de esta Universidad.

Son varias las universidades hablando de competencias, y no de cómo tener a egresados más plenos y convenidos de lo que estudiaron y lo desean hacer a futuro, lo cual representa un reto. Por lo pronto señalaría cuatro mitos con los que aún salen los jóvenes al terminar la escuela y que poco tiene que ver con la realidad:

  • Conseguir el trabajo más llamativo y ultra bien pagado es éxito.
  • No te puedes dar el lujo de fallar o ‘caer’ laboralmente, eso solo lo hace la gente sin madera de éxito.
  • Olvídate de hacer lo que te gusta y ser remunerado por ello. ¿Quién corre con tal suerte estos días?
  • Solo trabajar más horas que otros encumbra al éxito, aunque no quede tiempo para más.

En México 55 de cada 100 egresados trabajan en áreas diferentes a las que estudiaron.

¿No sería interesante que las escuelas hablaran más seguido sobre bienestar?