Santa: ¡Quiero un trabajo donde crecer!

Una actividad común cuando cierra el año es pensar ¿cómo están las cosas en el entorno laboral? En la lista de deseos, en la que seguro figura terminar las clases de inglés, aparecen interrogantes como: necesito mejorar el salario ¿qué hago para recibir un sí?, ¿cómo hago entender al jefe (sin que se moleste) que busco mayor crecimiento?, ¡quiero ser visible para nuevos proyectos!

La lucha por hacer un cambio, sin embargo, puede verse limitada –justo- por lo que se escucha en el entorno. En un mercado, como el mexicano, donde sólo en el Distrito Federal más de 106,000 jóvenes carecen de empleo y la tasa de subocupados (aquellos que dice tener necesidad o disponibilidad de trabajar más horas) aumentó un punto en 2015, la idea de dar un paso profesional diferente puede ‘atemorizar’.
De fondo, y más allá de las cifras o la condición de mercado, la pregunta es:

¿Estoy listo (a) para encarar un crecimiento profesional?

Indra Nooyi, CEO de PepsiCo, suele decir que una clave para ascender es “abrazar las tareas difíciles” y nunca dejar de aprender. Tomo el concepto de Nooyi para sugerir que este cierre de año cuando pienses ¿cómo estás en lo laboral?, enfócate en ti, no exclusivamente en lo que se dice del profesional. Empieza por identificar cuál es tu posición actual como profesional, como empleado en cualquier nivel del organigrama, o futuro emprendedor. Visualizas qué ‘propósito’ te mueve a estar en tu empleo actual.

En tu próxima carta a Santa, y no lo digo en forma figurada, sino como una invitación a que tomes lápiz, papel o computadora, y escribas ¿dónde estoy parado en lo laboral?, recuerda que para tener cambios en este terreno, lo primero es visualizar tu trayectoria, o como se dice coloquialmente, poner en una balanza lo que has vivido, tus necesidades actuales. Esto no significa que lo que sucede afuera, en tu lugar de trabajo, no sea relevante. Lo es, pero este ejercicio se trata de escribir nuevos objetivos desde una perspectiva más ‘íntima’, identificado con qué cuentas y de qué careces para plantear un giro a nivel empleo.

Anotar objetivos, medibles y alcanzables, es un buen punto de partida para transformar la profesional. Pero, cuidado, no se trata de escribir esos objetivos sólo para cumplir las tareas cotidianas. La organización tiene su metas, el colaborador se una a esos propósitos para llegar a ciertos resultados, pero tú, en lo individual, necesitas tener claro tus aspiraciones. Eso está en tu cancha. No en la del jefe.

El 2016 empieza con un 17% de los empresarios confirmando que incrementarán sus contrataciones, así lo refiere Manpower en su Encuesta de Expectativas de Empleo. Si es alto o bajo ese número, requiere otro análisis, por lo pronto me quedo con sugerirte tres aspectos que serán importantes al momento de hacer tu reflexión sobre qué esperas de tu desempeño laboral el siguiente año:

1. Después de clarificar tus nuevas metas, anota qué cambio harás en lo personal y profesional para llegar al objetivo, en cuánto tiempo planeas lograrlo y quiénes son tus fuentes de apoyar para cristalizar ese reto.

2. Define las circunstancias internas y externas que pueden impactar en el cumplimiento de tus objetivos.
3. Crea nuevos hábitos mentales. ¡No está de más! Por ejemplo, si cada vez que entras a la oficina del jefe lo único que piensas es ¿cómo puedo trabajar con él o ella?, mejor observa cómo se comunica esa persona o si tiene problemas para hacerlo. Tendrás mayor referente para ir tras tus metas, sin verte obstaculizado todo el tiempo por un mal liderazgo.